287

287. Ya es oficial. Ése es el número que, por si a alguien le queda alguna duda, da fe de posicionar a Roger Federer en el mejor jugador de la historia tenística. Corría el verano del 2010 cuando Rafael Nadal le quitaba a Federer el trono donde a todo tenista le gustaría llegar alguna vez, donde puedes pensar aquello de ‘no hay nadie en la faz de la tierra que domine mejor el grip que yo’ y donde se siente un enorme alivio al mirar por encima de uno mismo en la clasificación y ver eso que ven los números 1: nada.
En aquella época estival a la que nos referimos, al maestro suizo sólo le quedaba una sola semana para igualar el récord de Sampras de 286 semanas al frente de la clasificación, pero el destino quiso que se convertiera en eso, en un -1. Supongo que se debe sentir algo parecido al quedar a una sola centésima del tercero en los 100m de unos JJOO, o a perder varios años una liga (qué sé yo, en Tenerife por ejemplo) en la última jornada. Son esos momentos en los que la línea del ‘casi’ hacen que te conviertas en un Bubka del tenis o en un Beloki de la vida. Federer, tras dos años, ha dejado a un lado la medalla del mejor chocolate suizo para pasar a ser, como dicen los americanos, la cabra, the GOAT (Greatest of all times).
Todo esto pasó después de una final de Wimbledon nada habitual teniendo en cuenta los últimos años. Sin un Nadal que cayó en segunda ronda y con un Reino Unido volcado en la posible victoria de su mejor jugador: Andy Murray. Una posible victoria británica que se quedó en eso: en posible. El de Basilea ganó con autoridad debajo del techo de la central, para mal de aquellos espectadores que habían pagado hasta 10.000 libras en reventa por ver la final, para mal de los casi 20 millones de espectadores, para mal de Adidas y Head (que habían prometido suculento dinero a Murray si ganaba) y para David Cameron, que había decidido poner la bandera de Escocia en Downing Street (¡con lo que ello puede suponer para el pueblo inglés!). El resultado ya lo conocen y, cómo dijo Milos Raonic tras acabar el partido, ahora Roger Federer tiene más trofeos de Wimbledon en su casa que toallas puede tener mucha gente en su armario.
Ah..y por cierto..los que sí que ganaron fueron los de Intermon Oxfam. En 2003 un británico apostó 1700€ a que Federer ganaría siete Wimbledons, una locura absoluta. Hace tres años Newlife, el británico arriesgado, murió y decidió poco antes de morir que, en caso de ganar la apuesta, el premio iría a manos de la ONG Intermon Oxfam. El drive de Murray que se iba al pasillo significaron 115.000€ para la ONG.
Por Fran Arnau (@FranRF17)
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