San Antonio Spurs: remar dignamente por sorpresa para morir en la orilla

Había una vez unos hombres tejanos en una isla desierta. Abandonados; nadie contaba con ellos para que llegaran ni si quiera a zarpar. Construyeron una barca dirigidos por un genio con un poco de allí y un poco de allá: contaban con veteranos de guerra. Remaron a contracorriente, superaron las tempestades de la regularidad y emergieron ante olas muy duras. Siempre en momentos finales remando por sorpresa, como un invitado inesperado. Pero el definitivo tornado, a pocos metros de la tierra prometida, se los llevó de calle. Metáfora que ilustra poco más o menos lo que el conjunto de Gregg Popovich ha vivido este año.

San Antonio Spurs ha pasado esta temporada por dos capítulos claramente diferenciados. El primero, dirigiéndose por sorpresa (para muchos) esta temporada hacia el lugar del éxito. Ha realizado una Regular Season para enmarcar, siendo el equipo con mejor balance en la NBA junto con Bulls. La fórmula del éxito ha tenido varios factores:

Gregg Popovich: Contar con el entrenador del año es un punto a favor. Su sarcástica manera de motivar a los jugadores, su genio y carácter, su brillantez a la hora de tomar decisiones… cualquier razón justifica su inmensidad como coach.

Tres antiguos pilares al máximo nivel: Un cerebro como Tony Parker, un jugador con infinitos fundamentos como Tim Duncan y un calidista como Manu Ginobili. Viejos rockeros de la franquicia con una intensidad de juego encomiable, contando con que llegan a la treintena o la superan.

Efecto de los secundarios: Danny Green, Kawhi Leonard, Tiago Splitter, Stephen Jackson, Gary Neal… muchas noches el banquillo superaba al quinteto titular (tanto en anotación como en importancia). Su aportación para que las estrellas de Spurs no se fatigaran en la liga ha sido crucial. Triples, 2+1, juego excelso.

Factor sorpresa: Miami Heat, New York Knicks, Oklahoma City Thunder, Los Angeles Clippers… se habían reforzado para aspirar a algo grande, pero pocos contaban con Spurs. Fue avanzando hasta terminar la liga con una racha de 10 victorias consecutivas y solamente 16 derrotas.

Labor coral: Salvando unas pocas noches en las que Parker rescató a su equipo, San Antonio ha vivido de la gran tarea grupal que, debido a estos factores, ha unido Gregg Popovich. Un equipo en mayúsculas, con todas las letras, que cuajó una temporada fabulosa.

 

Con todos estos alicientes presentaba Spurs su candidatura al anillo. Muy buenas sensaciones pero con la duda de si en PlayOffs iban a poder aguantar el nivel.

Primero llegó Utah Jazz, y San Antonio no dio lugar a ningún tipo de duda. Barrida, de principio a fin, y en algunos momentos de partido con un auténtico baño baloncestístico dulcemente enjabonado. Un juego basado en su gran movimiento de balón, encontrando en la esquina  un triple tras otro o en el poste tiros fáciles que aumentaban parciales. Nadie destacaba por encima del resto, pero todos eran necesarios.

Primera manera de ganar: ningún jugador destaca por encima del resto. El base lidera, los puntales responden y el banquillo está enchufado anotando el 35% y el 40% de los puntos respectivamente.

Con esta misma dinámica se plantaron ante Clippers, y Spurs enseñó al mundo de qué 4 maneras se puede jugar y ganar a esto del baloncesto.

Segunda manera de ganar: otra muestra de un baloncesto cremoso, exquisito. Buscando canastas fáciles, en la esquina o en la pintura. Para sentenciar, no se deja que la diferencia se reduzca nunca.

Tercera manera de ganar: las remontadas son posibles. Pierden de 26 puntos al comienzo del segundo cuarto. Su entrenador pide que solo pierdan de 10 al descanso. Dicho y hecho. En el tercer cuarto les pide que se acerquen a 5 puntos: consiguen ganar de 8. Dicho y hecho. Y todo esto con un parcial de 0-24.  Y Popovich pidiendo falta a Reggie Evans para recuperar la posesión tras los tiros libres errados. Sublime.

Cuarta manera de ganar: las estrellas tiran del carro. Cuando están cansados los pilares, lo resucitan los suplentes. Coordinación y trabajo grupal para hundir a su rival.

Si no supiéramos el desenlace de la película, más de uno podría jurar y perjurar que estamos hablando del campeón del anillo. Pero nada más lejos de la realidad. Llegaron a las Finales de Conferencia, con todos estos antecedentes y con mucha ilusión y altas expectativas.

En las Finales del Oeste esperaba un titán: Oklahoma City Thunder. Al principio, los prejuicios que quien escribe tenía hacia este equipo eran muchos: joven, inexperto, con pocos recursos. Pero justo cuando San Antonio Spurs más los tuvo contra las cuerdas con el 2-0, el tercer cuarto del segundo partido marcó el camino a los de Scott Brooks. Una defensa física, férrea, con un Derek Fisher imperial y una canasta de Durant les acercó al marcador. Acabaron perdiendo, pero vislumbraron el camino. El resultado final, ya se conoce.

San Antonio Spurs murió en la orilla. Remó contracorriente ante un equipo que se mejoró así mismo porque les obligaron los de Popovich. Spurs hicieron de Thunder, y Thunder de Spurs. San Antonio jugó los últimos partidos de la única manera de la que jamás podría ganar: sistema de juego para un solo jugador. Ni Ginobili, ni Parker, ni Duncan, por muy inspirados que pudieran estar, lo iban a sacar adelante. Ninguno es Lebron James, capacitado para sacar ESE tipo de partidos. Spurs (con su juego coral, fluido y dinámico) renunció a los remos; las grietas en la barca eran plausibles y el tornado de los Thunder provocó el “sálvese quien pueda” en la nave de los de Popovich. La nefasta eliminatoria de secundarios como Green o Splitter, el poco juego grupal desarrollado a partir del tercer partido, el cansancio de sus jugadores fundamentales y un equipo que se mejoró así mismo gracias al nivel que mostraron los tejanos, fueron algunos de los muchos factores que influyeron en su eliminación.

San Antonio Spurs cerraba con la eliminación en Finales de Conferencia su temporada. Una temporada que ha sido brillante. Sin embargo, la manera de caer en los PlayOff un tanto decepcionante. No por el resultado, sino por el cómo: 4 partidos seguidos perdidos, con pocas fuerzas y renunciando a su juego. Justamente lo que le había dado tanto potencial para aspirar a algo grande.

Por Jero Díez (@Jero_DiezG )

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