Lo que mal empieza…

“Todo lo que podía salir mal, salió mal”. Me decía Ricardo Uriz en una entrevista, una vez acabada la temporada, que al Blancos de Rueda Valladolid le ha faltado ese punto de suerte necesario para poder salvarse. Eso sí, el navarro no se engaña y sabe que las cosas se han hecho muy mal por parte del club.

Pues tiene razón, porque a los errores calamitosos de la dirección deportiva hay que sumar el factor-suerte de las lesiones y de las “inadaptaciones”, si se me permite la expresión. ¿Suerte? Si, ha faltado suerte ¿Malas decisiones? Si, a mares ¿Por qué? Pues por lo de siempre, por el dinero. El dinero hizo que Porfi Fisac no siguiera a orillas del Pisuerga, ni más ni menos. El dinero hizo que tu referente interior tuviera que ser Eduardo Hernández Sonseca (El visionario que lo llevó a cabo, por favor, al borde de un barranco YA!!). El dinero hizo que para sustituir a Van Lacke, Eulis Báez y Marcus Slaughter vinieran Mike Umeh, Hervé Touré y Kahiem Seawright.

Porque no lo olvidemos, el CB Valladolid estaba, a principio de temporada, inmerso en una Ley Concursal de la que, satisfactoriamente, pudo salir en noviembre. Ese mínimo margen de maniobra económico condicionó decisivamente la planificación de la temporada. La falta de cash tuvo como consecuencia el poder fichar peor, pero también se erró trayendo a un extracomunitario como cuarto pívot (Seawright) pero que tuvo que ser titular por la lesión de Sonseca y por el fallo mayúsculo de fichar como revulsivo interior a un jugador como Dalibor Bagaric.

Tanto éste como Umeh no se adaptaron, con lo que se tuvo que dar otra vuelta de tuerca. Como recambios, el inefable Samo Udrih y Curtis Borchardt, que llevaba 19 meses sin jugar desde su enésima lesión con ASVEL-Villeurbanne. Todo ello fue el resultado de la falta de dinero y de la pésima gestión deportiva. Pero además, hay que sumarle ese factor suerte, porque en el partido de primera vuelta ante Fuenlabrada, el director y motor de juego pucelano, Steph Dumas, se rompe parcialmente el tendón cuadricipital de su pierna izquierda. Adiós a la temporada.

A todo esto, derrotas por doquier, algunas sonrojantes como la de Gran Canaria en Pisuerga o la de Alicante en tierras levantinas, por poner unos ejemplos. Pero la gota que colmó el vaso fue la victoria de CAI Zaragoza en el coliseo morado. Luis Casimiro, quien nunca se adaptó al equipo y viceversa, fue destituido. Sonaban nombres de la casa, con carácter, como Gustavo Aranzana o Paco García, pero se optó por la fórmula Barça y se tiró del 2º entrenador, Roberto González. Éste se encontró un equipo deshecho, sin ambición, “un querer y no poder”, como reconoció Uriz. El vallisoletano pudo darle ese punto de intensidad necesario y el equipo comenzó a competir, merced también a la mejora física de Borchardt.

Pero cuando parecía que la permanencia era posible, sucedió otro hecho desagradable, a priori. Hervé Touré, irregular donde los haya, se marchaba. Problemas con la Hacienda francesa hacían imposible que aguantara la situación de falta de cobros que vivía en Valladolid. Y cuando parecía que esto iba a ser la puntilla, el grupo se cohesionó, se unió, hizo piña y aumentó exponencialmente su rendimiento. Compitió en Vitoria hasta el final, la mala suerte hizo que no venciera al Barça en casa y a punto estuvo de encadenar dos victorias seguidas tras el tropiezo en Badalona. Mejora, si, pero tarde. Este muerto estaba muy muerto.

Si los lectores se han enterado de todo (ni los que estamos cerca hemos llegado a comprender lo que ha ocurrido) verán que un batiburrillo de malas decisiones deportivas, mala suerte y ausencia total de dinero han dado con los huesos del Blancos de Rueda Valladolid en la LEB Oro. ¿Responsabilidades? Muchas y compartidas: los jugadores, que no supieron captar la filosofía de Casimiro al principio; el propio Casimiro, cuyo carácter no casaba con la idiosincrasia del club y la plantilla; Eduardo Pascual, director deportivo, quien tomó malas decisiones una detrás de otra; David Yustos, director general, por no saber sacar partido económico a la maravillosa temporada que hizo el club el año anterior; y el presidente, José Luis Mayordomo, por conducir la nave en condiciones tan precarias y no cerrar las vías de agua a tiempo.

El futuro pinta oro, pero de la LEB. Una penosa temporada como ésta no se merece que la salven los despachos, con lo que el Club Baloncesto Valladolid debe regenerarse, elaborar un presupuesto acorde a su situación económica, salir en la LEB y pelear el ascenso cuando se pueda. Todo lo que se salga de ese camino será caer, otra vez, en errores del pasado. La ACB pierde un histórico, pero volverá.

Por Álex Arenas (@alexarenas13)

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